La musa entra en combate: Las letras del ayer como reflejo del mañana.

“Aquellos que no recuerdan

el pasado están condenados a repetirlo” 

Jorge Agustín Nicolás

Luis Alfonso Argüello profesor de la Universidad Cooperativa de Colombia, plantea que la poesía se anticipo a las noticias de nuestro tiempo. Este profesor, sustenta que en varios poemas, de diferentes épocas, se encuentra narrada la realidad colombiana del momento. Puede llegar a sonar absurdo, que un hombre del pasado pueda visualizar nuestro presente, pero la poesía, a diferencia de otros géneros literarios puede llegar a ser considerada eterna y universal.

La facilidad de los poetas de tomar lo que ven a su alrededor, de la cotidianidad, de sus experiencias, es lo que según Argüello los convierte, hasta cierto punto en profetas, no porque adivinen el futuro, sino porque los hechos que los afectan no son situaciones únicas en la historia, sino que todo lo contrario, tienden a repetirse una y otra vez, tal vez en lugares diferentes, con actores distintos, pero con los mismo eventos y sentimientos.

La agonía de la muerte y las desdichas de la guerra, son algunos de los temas que según Argüello podemos encontrar en la poesía que nos precede, pero que por muchas razones nos predijo. Esa universalidad de la poesía, esa capacidad de adoptar los sentimientos y los eventos, la transforman en un testigo de nuestro pasado, un testigo que de haber sido escuchado podría haber cambiado nuestro presente, pero que tal parece, seguirá narrando nuestro futuro.

La muerte de millones de colombianos en medio del conflicto ha sido contada desde los diferentes medios de comunicación, pero en el poema de Cote Lamus, ”A un campesino muerto en la violencia”[1], aunque el protagonista es un solo hombre,  narra la historia de miles de colombinos asesinados, que sorprendidos en sus labores diarias terminaron transformándose en abono del campo. A diferencia de los medios de comunicación la muerte de un campesino, para Lamus no es un mero número, una víctima de la violencia, sino un hermano al que debemos recordar.

 “Un día sin porqué, sin que supieras

Que la muerte venía

Te quitaron la vida”[2]

Lamus por medio de su prosa, sintetiza la brutalidad y el terror que se adueña de los colombianos durante el tiempo de conflicto. Como la muerte no llega luego de los años, junto a las enfermedades de la vejes, sino de un momento a otro, en medio del arado.

“Te sembraron igual que una semilla:

Tu silencio cubierto por un árbol

Dejo borrado el crimen”[3]

Argüello expone que en este fragmento vemos reflejado como en medio del conflicto, donde la vida no es respectada, se enmudece a la víctima, se esconde el hecho y la muerte de un hermano es borrada sin ningún reparo. No solo porque su asesino enterró su cadáver,  sino porque no hay nadie que se preocupe por encontrarlo, ya que tal vez aquellos que lo recuerdan y se preguntan por su paradero, temen terminar en el mismo lugar.

De aquel combate sangriento,

Abandonado el cadáver

Del pobre recluta insepulto”[4]

En el poema de Silva “El Recluta” (1996:104-105), se ve narrado como un joven de las filas del ejercito es asesinado en un enfrentamiento, y su vida se ve reducida “Por una bala remignton”, bala que no solo toma la vida del recluta, sino el de miles de colombianos. “¿Su nombre?… un oscuro nombre…” uno más del montón, otro número que se suma a las cifras diarias de la televisión y la radio. Sin nombre, sin rostro, sin posibilidad de ser recordado.

“La muerte de Matías Aldecoa”[5], poema de Mutis, uno de los poemas más recientes analizados por Argüello, narra la historia de los cientos de cadáveres arrojados a los ríos del país, desde el cuerpo de Matías, “buscador de metales en el verde Quindío, Farmaceuta ambulante en el cañón de Chicamocha, Mago de feria en Honda”. Un evento que narrado por los medios de comunicación no sería capaz de captar el horror del acontecimiento. Ya acostumbrados a la muerte de nuestros compatriotas, y reducidas sus muertes a otra noticia del día, Mutis, saca este hecho de dicha oscuridad para mostrarnos la verdad, esa que tras escucharla tantas veces, no comprendemos, pero con los versos de Mutis sentimos como propia.

“Hinchado y verdinoso cadáver,

en las presurosas aguas del Combeima,
girando en los espumosos remolinos,
sin ojos ya y sin labios,
exudando sus más secretas mieles,
desnudo, mutilado, golpeado sordamente
contra las piedras,
descubriendo, de pronto,
en algún rincón aún vivo
de su yerto cerebro,
la verdadera, la esencial materia
de sus días en el mundo.
Un mudo adiós a ciertas cosas,
a ciertas vagas criaturas…”[6]

La labor del poeta, como lo vemos en sus versos, no solo es mostrar sus sentimientos sino que en este caso, está cumpliendo la labor de sensibilizador social, tal vez la costumbre y la “normalidad” de conflicto interno en Colombia nos ha transformado en oídos sordos, en testigos silenciosos. La poesía por medio de su retorica, nos está mostrando un conflicto de siempre, que se repite pero que nos negamos a ver, y que ellos nos exigen creer, recordar y cambiar.


[1] Cote Lamus, E (1976) “A un campesino muerto en la violencia”. En: Obra literaria (Pág 279). Bogota: Instituto colombiano de cultura.

[2] IBID

[3] IBID

[4] Silva, J. A. (1996) “El Recluta”. En: Obra compleja (104-105). 2 ed. Madrid, Barcelona, Paris, Mexico, Buenos Aires, Sao Pablo, Lima, ALLCA XX (Colección Archivos).

[5] Mutis, A. (2002)”La muerte de Matías Aldecoa”. En: Summa de Maqroll El Gaviero. Poesía Reunida (81-82). 2ª ed. México. FCE

[6] IBID

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