Apocalipsur

Apocalipsur es un filme colombiano, producido y dirigido por Javier Mejía, galardonado a mejor película colombiana en el 2007 en los Premios India Catalina y mejor largometraje en el Cuarto Festival Internacional El Ojo Cojo en Madrid en el 2008[1]. La película narra el viaje de cinco amigos, “Malala”, “Caliche”, “Pipe”, “La comadreja” y “el Flaco”, quienes por diferentes circunstancias comparten una forma de ver el mundo y de habitarlo, enmarcados por los problemas del narcotráfico colombiano de mediados de los ochentas y principio de los noventas.

Es importante resaltar, que la industria cinematográfica colombiana aún es emergente y las producciones que se realizan tienden (gran parte de ellas) a ser producidas desde la capital, Bogotá, donde se centran los recursos técnicos y tecnológicos con los que cuenta el país, y esta película al ser grabada en Medellín es catalogada como cine de provincia, las cuales usualmente son relegadas a un “cine pobre” (en cuanto a los aspectos técnicos y tecnológicos), pero este paisa nos demuestra que con poco también se puede hacer mucho.

Para adentrándonos más al mundo de Apocalipsur, debemos ubicarnos en la época de Pablo  Escobar, capo de capos, que había tomado bajo su dominio Medellín y que aterrorizo a la juventud de la época, transformando la tierra de los paisas (y todo Colombia) en un verdadero apocalipsis, de allí el nombre del filme. Teniendo claro esto, podemos continuar con los protagonistas, quienes no son producto enteramente de la imaginación de su escritor, sino de sus experiencias y recuerdos, los cuales vamos conociendo poco apoco con el transcurrir de la película.

Apocalipsur, abre su mundo al espectador con una cámara caótica,  sumergiéndolo en un momento de euforia y ruido, que es alternado con un ritual de despedida, ejecutado por “el Flaco”, quien es enfocado con PP y PPP cortándose el cabello y afeitándose las cejas. El hecho de que el director le de tanta importancia a este ritual, nos permite decir que no solo busca mostrar a un joven que se esta desprendiendo de su pasado y hasta de quien es en ese momento, sino que nos está diciendo que los cambios a los que el conflicto colombiano llevaron a muchos compatriotas requirieron de un desprendimiento profundo de su tierra, de sus amigos e incluso de su vida[2].

El encuentro de este nuevo “Flaco” y sus amigos en su fiesta de despedía, quienes en un principio no lo reconocen, que de hecho lo miran con desconfianza, y teniendo en cuenta lo anteriormente planteado, nos permite decir que el narcotráfico transformo el rostro de nuestro país y el de nuestra gente, sin discriminación racial ni económica. Este joven de contextura delgada, tez blanca y ojos claros, no era el hijo de una prostituta o el hermano de un “gamín”, sino el hijo de una jueza, lo que nos da cuenta de que la clase media alta también vivió los azotes del conflicto. Apocalipsur aporta a el cine colombiano ese otro lado del prisma, rotando la cámara de los barrios pobres y las calles a “los niños bien” de la sociedad.

Aunque “el Flaco” desde ese momento, en pocas ocasiones toma la pantalla, es la razón de ser de la película, es el hilo que conecta a los demás personajes, como se va mostrando a través de los flash back de los diferentes personajes, “El flaco” era el cómplice de sus aventuras, el amigo que siempre estaba, con el que podían compartir la droga y el alcohol, y el que conformo un grupo solido de amigos que aun en su ausencia permaneció unido.

La droga, por su parte es mostrada en la película como una forma de evadir el mundo, de sentir que todo podía salir bien, de diversión y complicidad, y aunque en algunas escenas (el reten y cuando los policías los detiene y los ponen a fumar marihuana) se hace evidente la ilegalidad del acto, no es presentado como algo destructivo, como suele suceder en otras películas, sino como una opción que les da libertad. Aunque también es mostrado como una doble moral, ya que en uno de los diálogos, “La comadreja” dice que no está de acuerdo con los narcotraficantes, pero “Caliche” le recuerda que él que les da su elipsir de libertad es su padre, un narcotraficante.

El regreso de “El flaco” es la razón por la que estos amigos se reúnen, todos deciden ir a recogerlo al aeropuerto, y junto a ellos esta “Marihuana”, una higuana que “El flaco” le regalo a “Caliche” y que está relacionada con las ideas que estos jóvenes tenían sobre la muerte y el destino.

En la película se presentan dos momentos, que funcionan como leitmotiv, el primero es el viaje de “Caliche”, “Malala”, “Pipe”, “La comadreja” y “Marihuana” para recoger a “El flaco” o por lo menos sus restos mortales, y el segundo, cuando los jóvenes tras perder el cadáver de su amigo en un rio y reencontrarse con marihuana, empiezan a recordar a “El flaco”.

Esta película nos muestra otra cara de la historia de  nuestro país, la narra de una forma diferente y aunque Apocalipsur puede llegar a ser confusa (pero teniendo en cuenta las características de la historia y la personalidad de la misma y sus personajes, la alternación de los tiempos y los juegos con la cámara son claramente argumentados) es un ejemplo de que el cine en Colombia y en especial el de provincia aun tiene mucho por contar, y que no debe limitarse a creer que hay una forma de hacer la cosas sino que hay que empezar a crear.


[2] Presento esta aseveración recordando que “el flaco” se ve obligado a viajar al viejo mundo por amenazas contra su vida

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