“Territorio, cultura e identidades” (1)

Reseña:

Giménez  en el texto “Territorio, cultura e identidades” aborda como problemática el territorio (y más específicamente la región), teniendo en cuenta la influencia de la globalización. El autor desarrolla el texto basándose en dos posturas sobre territorio (la de la “desterritoialización” y una opuesta esta) y los conceptos de cultura e identidad, llevándolo a exponer que la desterritoialización física no implica la  desterritoialización simbólica.

La globalización ha llevado a la desterritoialización de procesos económicos, sociales y culturales que a su vez han provocado la disipación y el debilitamiento de las fronteras y los poderes territoriales (ej. Estado), siempre en busca de un “gigantesco mercado global”. A esta teoría se contrapone una presentada por historiadores, economistas (…) que sustentan que la globalización no es sinónimo de desterritoialización pues es cartografiable, posee un centro (Estados Unidos, la Unión Europea y Japón) y una periferia (resto de países que se relacionan con el centro).

Considerando lo anterior y algunas ideas de territorio planteadas por los neoliberales (el territorio no es la única manera de expresión social; el territorio se transforma pero no  desaparece; los territorios son espacios estratégicos y soporte de la actividad simbólica) el autor se cuestiona sobre “¿qué es territorio?” a lo que responde citando a Raffestin que plantea que es “un espacio apropiado y valorizado (simbólica e instrumentalmente) por grupos humano”.

Hay tres características que hacen de un espacio un territorio. La primera es la apropiación de un espacio por parte de un grupo humano. La segunda es el poder, que tiene tres maneras de producción territorial, la delimitación de la superficie o Mallas (división del espacio según niveles (municipios, regiones…) que permiten entre otras cosas el control de los actores sociales), la implementación de Nodos (centros de poder (ciudades, capitales…) que simbolizan la posición del individuo en el territorio) y el trazo de redes (entramado de conexiones entre los nodos que responde  a la necesidad del actor social de relacionarse con el otro). Y la tercera, la existencia de fronteras, que permiten la organización, la integración y la cohesión de territorios.

Dado lo anterior el autor expone dos formas de apropiación: la instrumental-funcional (relacionada a las utilidades del espacio íntimamente ligadas a las necesidades sociales económicas y políticas de la colectividad) y la simbólica-expresiva (espacio de sedimentación simbólica cultural) que combinadas configuran el término Geosimbolo, el cual es definido, parafraseando a Giménez, como lugar que por diversas razones reviste al pueblo de una dimensión simbólica que alimenta su identidad.

Teniendo claro que es territorio el autor plantea su clasificación, donde se encuentra con dos teorías, la primera sobre “territorios apilados” donde los territorios se clasifican por su magnitud y la segunda sobre “nichos territoriales” donde los territorios son capas superpuestas y se clasifican así: territorios próximos (ej. aldeas), mas vastos(ej. Estado-nación), supranacionales (ej. La Unión Europea) y de globalización.

El autor introduce el concepto de territorio cultural (producto de la apropiación  simbólica-expresiva del espacio) para aclarar el término cultura que define como “un conjunto de signos, símbolos, representaciones, modelos, actitudes, valores, etc., inherentes a la vida social” basándose en el concepto elaborado por Geertz. Esta se hace presente en los hechos sociales, que poseen tres dimensiones: la comunicación (lengua, alimentación, vestido…) el stock  de conocimientos (creencias, ciencia, contemplaciones, sentido común…) y la visión del mundo (filosofía, religión…) que constituyen memoria, legitiman acciones y permean la cohesión social.

Las relaciones que se generan entre cultura y territorio teniendo en cuenta lo anterior  son: el territorio compone un espacio de encriptación de la cultura”; el territorio  es marco de distribución de las instituciones y prácticas culturales en un espacio determinado; y el territorio  es posible de ser apropiado e integrado subjetivamente por el actor social como objeto de representación en su sistema cultural.

Por consiguiente se llega a pensar en la relación entre territorio e identidad. El autor expone que el individuo adquiere una personalidad marcada por el territorio debido a la socialización, por esta razón Giménez habla de pertenecía socio-territorial que al combinarse con pertenencias no territoriales (religión, política) se imprimen en la identidad del actor social, que genera un proceso de inclusión y lealtad con la colectividad.

Giménez aborda a la región (subdivisión intra-nacional que se encuentra entre el estado y las microsociedades o “matrias”) y su relación con la cultura definiéndola como un “territorio literalmente tatuado por la historia” que es base de la memoria colectiva y espacio de comunicación, para conectarla con la idea de identidad regional.

El actor social incorpora símbolos, valores de su región desarrollando una identidad. El autor clasifica tres tipos de identidad: la identidad histórica-patrimonial (relacionada con los acontecimientos pasados de la región), la proyectiva (relacionada a los proyectos regionales futuros) y la vivida (reflejo de la cotidianidad actual de la región, donde pueden confluir las demás identidades).

La identidad de un actor social no depende solo de la región (sus símbolos…) sino de las características del individuo, por consiguiente el autor presenta una clasificación de actores regionales: apáticos y resignados (actitud pasiva y no se identifica con la región), migrantes potenciales (su proyecto de vida no es realizable en la región), modernizadores (integrados a la sociedad que desprecian el patrimonio y la historia), tradicionalistas ( identidad histórica y patrimonial) y regionalistas ( exaltan el desarrollo de la región).

Para finalizar el autor reúne los conceptos de cultura, identidad y región, para exponer que la cultura influye en las dimensiones políticas (legitima), económicas (propósito de la producción y el consumo) y es operativa por el actor social que la proyectan por medio de su identidad, que constituye un elemento muy importante para el desarrollo de la región.

El texto propone teniendo en cuenta un proyecto suizo, la creación de políticas públicas sobre la económica y la identidad (equilibrando la tradición y la modernidad) para que el actor social, que en mi concepto debe ser regionalista, sea autónomo y dinámico, para que participe en el desarrollo e integración de su región con el mundo.

1GIMENEZ, Gilberto. “Territorio, cultura e identidades”. En: Martín-Barbero, Jesús. López de la Roche, Fabio. Robledo, Ángela. Editores. Cultura y región. Bogotá: CES, Universidad Nacional, Ministerio de Cultura, 2000.

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